De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

lunes, 16 de septiembre de 2013

El cementerio de las pollas perdidas, réplica a mi querida Amapola Domingo



Querida Amapola Domingo,

Me veo en la obligación de responder a tu post sobre tu particular concepto del cementerio de las pollas muertas con un consejo que al mismo tiempo va dirigido hacia mi persona. Tomándome la licencia de usar un término acuñado por una persona a la cual admiro, te hablaré del verdadero cementerio de las pollas perdidas. Y este, querida amiga, no es otro que el lugar donde almacenamos todas nuestras frustraciones, donde coleccionamos toda suerte de hombres que por una cosa u otra no merecen nuestras atenciones y a los cuales, por una extraña razón, siempre nos aferramos aún sabiendo que no harán otra cosa que mermar nuestro amor propio e impedir que cerremos el capítulo del drama al fin y centremos nuestros esfuerzos en relaciones menos insanas.