De profesión crítico social

Directamente desde los mundos de Wendy, llego dispuesta a criticarlo todo y a hacer de mi vida, y de paso de las vuestras, un lugar idílico donde ver la vida a través de las inocentes gafas de Amélie Poulain.

¡Bendita inocencia! Y es que no hay mayor soledad que darse cuenta de que todo el mundo es idiota. ¿Quién da más? Aunque en este mundo no hay lugar para los soñadores, aquí estoy yo, para iniciar una cruzada a favor del Yo también puedo ser feliz.

martes, 21 de junio de 2011

I love Mario & Alaska

Decidido: me voy a volver freak. Son más felices, no me cabe la menor duda. Desde que soy adicta al show de MTV de Alaska y Mario me he dado cuenta de lo convencional que es mi vida. ¡Yo de mayor quiero ser como ellos! Quiero desayunar cortezas con cerveza, pintarme las cejas cada mañana, comprar bodies de Kiss a recién nacidos, ir a las fiestas de ¡Qué Maravilla!, perder aviones en Ibiza y echarle la culpa del encrespamiento de mi pelo a los putos indies.

Pero lo mejor de todo es esa madre de Alaska, América (no el país, el continente), con sus ochentaitantos y así de estupenda e igualmente hortera. La adoroooooooooooooooo. Y ¿qué decir de esa profesora de inglés de Mario? Yo creo que se deja las venas largas para no cortárselas. ¡Ojo al dato, un trip es un viaje de drogas según Vaquerizo! ¿Cuántos trippies se habrá comido el amigo?

Luego está Dalí, otro freak. Este finde he visitado con unas amigas su casa museo en Portlligat, Cadaqués. Éste sobrepasa todos los límites de freakismo habidos y por haber. El pavo tenía hasta gafas de colores para fliparlo solo en su estudio. Y luego esa magnífica jaula de grillos en su habitación... lo más! Y esa piscina fálica, con los muñecos Michelín y los letreros de Pirelli por doquier. Un loco que supo sacarle partido a su genio y que, con tal de quedarse en Cadaqués, sin que nadie le tocara las naricillas, le bailó el agua al mismísimo Franco.

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