De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

martes, 21 de junio de 2011

I love Mario & Alaska

Decidido: me voy a volver freak. Son más felices, no me cabe la menor duda. Desde que soy adicta al show de MTV de Alaska y Mario me he dado cuenta de lo convencional que es mi vida. ¡Yo de mayor quiero ser como ellos! Quiero desayunar cortezas con cerveza, pintarme las cejas cada mañana, comprar bodies de Kiss a recién nacidos, ir a las fiestas de ¡Qué Maravilla!, perder aviones en Ibiza y echarle la culpa del encrespamiento de mi pelo a los putos indies.

Pero lo mejor de todo es esa madre de Alaska, América (no el país, el continente), con sus ochentaitantos y así de estupenda e igualmente hortera. La adoroooooooooooooooo. Y ¿qué decir de esa profesora de inglés de Mario? Yo creo que se deja las venas largas para no cortárselas. ¡Ojo al dato, un trip es un viaje de drogas según Vaquerizo! ¿Cuántos trippies se habrá comido el amigo?

Luego está Dalí, otro freak. Este finde he visitado con unas amigas su casa museo en Portlligat, Cadaqués. Éste sobrepasa todos los límites de freakismo habidos y por haber. El pavo tenía hasta gafas de colores para fliparlo solo en su estudio. Y luego esa magnífica jaula de grillos en su habitación... lo más! Y esa piscina fálica, con los muñecos Michelín y los letreros de Pirelli por doquier. Un loco que supo sacarle partido a su genio y que, con tal de quedarse en Cadaqués, sin que nadie le tocara las naricillas, le bailó el agua al mismísimo Franco.

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