De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

sábado, 4 de septiembre de 2010

El orgasmo bucal de María

Generalmente el vino nos proporciona una lucidez fuera de lo común que puede llevar al grupo a tomar decisiones disparatadas e incluso a tener orgasmos bucales. Me explico: ahora cuando suceden cosas extraordinarias a mi alrededor todo el mundo sugiere que haga un post. Me encanta postear mi vida, así parece más interesante. Pues bien, el tema de hoy es que María cuando come nigiris de salmón en el Kibuka tiene orgasmos bucales.

Ciertamente son más buenos que en cualquier otro sitio donde los haya comido: la bola de arroz en su justo tamaño, macerada con vinagre de arroz en su justa medida, sin que se desgrane, se deshace en la boca y el corte de salmón perfecto, liso, en su justo grosor. Si estás salibando ahora, puedes hacerte una idea de lo que es un orgasmo bucal, aunque para experimentarlo tendrás que cenar en el Kibuka.

Y así transcurrió la noche, orgasmo bucal tras orgasmo bucal... Creo que desde ayer soy multiorgásmica. Os voy a echar de menos chicas.

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