De profesión crítico social

Directamente desde los mundos de Wendy, llego dispuesta a criticarlo todo y a hacer de mi vida, y de paso de las vuestras, un lugar idílico donde ver la vida a través de las inocentes gafas de Amélie Poulain.

¡Bendita inocencia! Y es que no hay mayor soledad que darse cuenta de que todo el mundo es idiota. ¿Quién da más? Aunque en este mundo no hay lugar para los soñadores, aquí estoy yo, para iniciar una cruzada a favor del Yo también puedo ser feliz.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Cayetana

Me encanta el sonido que produce el taconeo de los zapatos de una bailaora en un tablado flamenco. Es un sonido que, como casi toda percusión, te envuelve y te permite dejarte llevar por una musicalidad tan cálida que casi puedes sentir como te quema la cara. Ese movimiento rápido de pies me fascina... Para alguien como yo, que casi no sabe andar con tacones, puede resultar fascinante que alguien sea capaz de crear algo tan bello sólo con los pies...

Pues eso, que me ha dado por ir al teatro a ver el espectáculo de Cayetana y he salido con el replicar de unos tacones en la cabeza. El flamenco es muy estético. Si analizas la escena frame a frame, es cuando te das cuenta de la intensidad que desprende. El pelo del bailaor suspendido en el aire, la gota de sudor que corretea por la espalda, el tacón golpeando con el suelo, las castañuelas entrelazadas en los dedos... En fin, una buena terapia para dejar atrás una semana dura, dura.

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