De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Cayetana

Me encanta el sonido que produce el taconeo de los zapatos de una bailaora en un tablado flamenco. Es un sonido que, como casi toda percusión, te envuelve y te permite dejarte llevar por una musicalidad tan cálida que casi puedes sentir como te quema la cara. Ese movimiento rápido de pies me fascina... Para alguien como yo, que casi no sabe andar con tacones, puede resultar fascinante que alguien sea capaz de crear algo tan bello sólo con los pies...

Pues eso, que me ha dado por ir al teatro a ver el espectáculo de Cayetana y he salido con el replicar de unos tacones en la cabeza. El flamenco es muy estético. Si analizas la escena frame a frame, es cuando te das cuenta de la intensidad que desprende. El pelo del bailaor suspendido en el aire, la gota de sudor que corretea por la espalda, el tacón golpeando con el suelo, las castañuelas entrelazadas en los dedos... En fin, una buena terapia para dejar atrás una semana dura, dura.

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