De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

sábado, 14 de agosto de 2010

Pasado de moda

El aburrimiendo agudiza mi ingenio, por ello me ha dado por dedicarle más tiempo a mi blog, que parece una mascota abandonada y con carencias afectivas: cuatro carantoñas, dos palabras tiernas y como nueva.

La comunidad gitana nunca deja de sorprenderme. Hablo desde el más profundo de los respetos, ¿eh? Me encantan las bodas gitanas, que de vez en cuando televisan en programas como Callejeros. ¿Quién no ha soñado con que se partan la camisa por ella? Yo con lo que flipé fue con las peladillas... Mira que tirarle peladillas a las novios en vez de arroz... Que con un golpe poco certero, dejamos tuerto al novio, ¡por dios! Todo el suelo lleno de peladillas... Claro que no me extraña que las tiren, porque ¿a alguien le gustan? Para mí son como la fruta confitada de la coca de Sant Joan, que todo el mundo la aparta pero, sin embargo, la siguen poniendo... Seguro que hay intereses ocultos por seguir produciéndola... Lo mismo con las peladillas ¿no creen?

A lo que íbamos, que me voy por los Cerros de Úbeda, que lo que no deja de sorprenderme de las bodas gitanas es la importancia del momento en que se comprueba la honra a la novia. ¿Quién comprueba la honra del novio? Eso está pasado de moda... No me extraña que cada día se casen más jóvenes... Si lo que quieren hacer es lo que hacen todos los jóvenes del mundo, descubrir y sacarle provecho a su sexualidad y eso, al parecer, está reñido con las peladillas y la fruta escarchada.

Todo esto de las tradiciones pasadas de moda, me han llevado a recordar a mi querida amiga Míriam a la cual dedico este post por ser mi primera y última fan. Desde hace un año se ha mudado con su novio a un pisito de alquiler y su familia vive pensando que la niña comparte piso con un amigo. De hecho no se extrañen si se la encuentran por la calle y les presenta a su pareja como su flat-partner (ya le he dicho yo que se dice flatmate pero a ella le gusta más decir flat-partner). Es para no darles un disgusto, dice Míriam... Eso está pasado de moda, a los padres hay que disgustarles de vez en cuando para que sepan que hemos crecido. Que si no, un buen día descubren que tenemos 40 años y que no somos vírgenes y les da un jamacuco. Para evitar tragedias como ésta lo mejor es un corte limpio, un golpe seco, un tirón rápido, como el que hacemos cuando nos quitamos una tirita: Papá, mamá, ayer perdí mi virginidad con un chico que no conozco en la parte trasera del coche de sus padres. Pero tranquilos, tengo 16 años e íbamos borrachos, no va a haber nada serio.

Un poco de Estopa para alegrar la mañana de este sábado de agosto nublado.

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