De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

domingo, 15 de agosto de 2010

Amores platónicos

Desde ya tendrían que prohibir por Real Decreto los amores platónicos. Así, sín más... ¡No se pueden tolerar! Y no me extrañaría que de todo esto tenga la culpa Walt Disney con sus ideales bañados en leche condensada que nos hacen creer en el Felices Para Siempre. No me extraña que el tio decidiera criogenizarse... Yo hubiera hecho lo mismo.

¿Quién no ha tenido un amor platónico? Yo me declaro culpable de haber tenido uno y de haberlo idealizado hasta aborrecer y por ello me condeno a no volver a idealizar nada que no sea yo misma. Es como cuando se empieza a salir con alguien y todo es perfecto. Igual que el rollo de la objetividad que nos vendían en la facultad: NO SOMOS OBJETOS, LUEGO NO PODEMOS SER OBJETIVOS. Pues, caro mío, tampoco somos PERFECTOS, así que no podemos tener nada perfecto. Yo propongo una cosa: cuando conozcamos a alguien, lo primero que habrá que hacer es ponerlo al día de nuestra lista de defectos y que este alguien haga lo propio con los suyos. De este modo ya sabremos a qué atenernos y no tendremos que esperar a años de relación improductiva para adivinar lo que se podría haber sabido de antemano y de lo cual nuestra madre nos advirtió con su olfato canino capaz de predecir las cosas más impredecibles.

Así acabaríamos con los amores platónicos, que se apresurarían a desmontar cualquier ideal antes que nos podamos enamorar y la venda sea lo suficientemente gruesa como para no ver los defectos que se acontecen ante nuestras miradas insulsas y enamoradas. ¿Qué os parece? No más suspiros en vano, noches en vela y cuadernillos del colegio pincelados con su nombre. Amores de carne y hueso, que te prometen lo que pueden ofrecerte y de los que te hacen creer en el FELICES EN EL MOMENTO.

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