De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

martes, 31 de agosto de 2010

Galletas María

Desde ayer que tengo un antojo... Ahora que me he puesto en serio con la operación bikini 2011 (así seguro que no llego tarde) va y en El Hormiguero se les ocurre cocinar bolitas de galletas Oreo machadas con queso Philadelphia bañadas con chocolate deshecho. ¡Por dios, llevo todo el día salibando! ¿No existe ningún organismo regulador que sancione este tipo de conductas televisivas? Porque una cosa es que le hagan cantar el Hola Don Pepito a Will Smith y familia y otra cosa muy diferente y del todo reprochable es que den al traste con la dieta de miles de españoles que han vuelto de las vacaciones sin poder verse los pies por culpa de la panza.

Y hablando de galletas: más cosas absurdas. En la sección de economía de La Vanguardia de hoy se han hecho eco de un interesante estudio realizado por la Organización de Consumidores y Usuarios según el cual el precio de las galletas puede fluctuar un 360% según la marca. Hasta aquí piensas, wow, ¡qué interesante! Será que no hay estudios posibles para hacer mil veces más necesarios... Pero la guinda la pone la última anotación del periodista el cual hace hincapié en que lo que no es "tolerable" según la susodicha organización és que ¡el 15% de galletas del paquete vengan rotas! ¡Jajajajajajajajaja!

Igual es cierto que tengo un sentido del humor "especial" pero me he reído durante un buen rato... hasta que me ha dado flato. Primero porque me he imaginado a un tio haciendo el recuento de bajas después de haber abierto cienes y cienes de paquetes de galletas María y segundo porque... ¿No será más probable que las rompamos nosotros metiéndolas en la bolsa del super, que seguramente acaba aplastada por otras tantas en el carrito de la compra o en el maletero del coche y que soltamos con cierta intensidad a la espera de que el puto ascensor baje (eso en el caso que tengamos ascensor) y que volvemos a soltar con la misma o más intensidad cuando agotados por una dura jornada laboral llegamos a casa y dejamos la compra en el mármol de la cocina exhalando el último aliento de vida?

Por cierto, si alguien creía que el original nombre de este gran manjar, incondicional de muchos desayunos, se debía a algo realmente exótico, rocambolesco o incluso pasional, desengáñense y lean este escueto pero clarificante post: ¿Por qué las galletas María se llaman así?

jueves, 26 de agosto de 2010

Del amor y otras tonterías

El ser humano tiende a teorizar sobre cualquier cosa y el amor es un tema recurrente sobre el cual crear grandes teoremas filosóficos que llevan a la Humanidad a divagar largo y tendido sobre lo que es y lo que no es, lo que debería ser y lo que será.

Yo recientemente he dejado de creer en el Felices para Siempre, lo que no quiere decir que no crea en el Felices por el Momento. Por ello, me encontraba el otro día hablando yo con una amiga (Peque, desde aquí te mando un beso enorme) y ella, ocurrente como siempre, me dijo: Vero, déjate de hombres que se miran tanto al espejo porque mientras se están mirando a ellos no te miran a ti y tú lo que te mereces es que te adoren. ¡Por dios, que me la como a besos! ¡Qué razón tiene!


Llegados a ciertos puntos en la vida, queremos las cosas fáciles. Yo paso de egoístas que no hacen otra cosa que sacarse pelusillas de su propio ombligo. Quiero, ¡que digo quiero, EXIJO! que me bailen el agua, que me adoren y que me despierten con un mordisquillo en la oreja todos los días de mi vida. Amén. 

domingo, 15 de agosto de 2010

Amores platónicos

Desde ya tendrían que prohibir por Real Decreto los amores platónicos. Así, sín más... ¡No se pueden tolerar! Y no me extrañaría que de todo esto tenga la culpa Walt Disney con sus ideales bañados en leche condensada que nos hacen creer en el Felices Para Siempre. No me extraña que el tio decidiera criogenizarse... Yo hubiera hecho lo mismo.

¿Quién no ha tenido un amor platónico? Yo me declaro culpable de haber tenido uno y de haberlo idealizado hasta aborrecer y por ello me condeno a no volver a idealizar nada que no sea yo misma. Es como cuando se empieza a salir con alguien y todo es perfecto. Igual que el rollo de la objetividad que nos vendían en la facultad: NO SOMOS OBJETOS, LUEGO NO PODEMOS SER OBJETIVOS. Pues, caro mío, tampoco somos PERFECTOS, así que no podemos tener nada perfecto. Yo propongo una cosa: cuando conozcamos a alguien, lo primero que habrá que hacer es ponerlo al día de nuestra lista de defectos y que este alguien haga lo propio con los suyos. De este modo ya sabremos a qué atenernos y no tendremos que esperar a años de relación improductiva para adivinar lo que se podría haber sabido de antemano y de lo cual nuestra madre nos advirtió con su olfato canino capaz de predecir las cosas más impredecibles.

Así acabaríamos con los amores platónicos, que se apresurarían a desmontar cualquier ideal antes que nos podamos enamorar y la venda sea lo suficientemente gruesa como para no ver los defectos que se acontecen ante nuestras miradas insulsas y enamoradas. ¿Qué os parece? No más suspiros en vano, noches en vela y cuadernillos del colegio pincelados con su nombre. Amores de carne y hueso, que te prometen lo que pueden ofrecerte y de los que te hacen creer en el FELICES EN EL MOMENTO.

sábado, 14 de agosto de 2010

Pasado de moda

El aburrimiendo agudiza mi ingenio, por ello me ha dado por dedicarle más tiempo a mi blog, que parece una mascota abandonada y con carencias afectivas: cuatro carantoñas, dos palabras tiernas y como nueva.

La comunidad gitana nunca deja de sorprenderme. Hablo desde el más profundo de los respetos, ¿eh? Me encantan las bodas gitanas, que de vez en cuando televisan en programas como Callejeros. ¿Quién no ha soñado con que se partan la camisa por ella? Yo con lo que flipé fue con las peladillas... Mira que tirarle peladillas a las novios en vez de arroz... Que con un golpe poco certero, dejamos tuerto al novio, ¡por dios! Todo el suelo lleno de peladillas... Claro que no me extraña que las tiren, porque ¿a alguien le gustan? Para mí son como la fruta confitada de la coca de Sant Joan, que todo el mundo la aparta pero, sin embargo, la siguen poniendo... Seguro que hay intereses ocultos por seguir produciéndola... Lo mismo con las peladillas ¿no creen?

A lo que íbamos, que me voy por los Cerros de Úbeda, que lo que no deja de sorprenderme de las bodas gitanas es la importancia del momento en que se comprueba la honra a la novia. ¿Quién comprueba la honra del novio? Eso está pasado de moda... No me extraña que cada día se casen más jóvenes... Si lo que quieren hacer es lo que hacen todos los jóvenes del mundo, descubrir y sacarle provecho a su sexualidad y eso, al parecer, está reñido con las peladillas y la fruta escarchada.

Todo esto de las tradiciones pasadas de moda, me han llevado a recordar a mi querida amiga Míriam a la cual dedico este post por ser mi primera y última fan. Desde hace un año se ha mudado con su novio a un pisito de alquiler y su familia vive pensando que la niña comparte piso con un amigo. De hecho no se extrañen si se la encuentran por la calle y les presenta a su pareja como su flat-partner (ya le he dicho yo que se dice flatmate pero a ella le gusta más decir flat-partner). Es para no darles un disgusto, dice Míriam... Eso está pasado de moda, a los padres hay que disgustarles de vez en cuando para que sepan que hemos crecido. Que si no, un buen día descubren que tenemos 40 años y que no somos vírgenes y les da un jamacuco. Para evitar tragedias como ésta lo mejor es un corte limpio, un golpe seco, un tirón rápido, como el que hacemos cuando nos quitamos una tirita: Papá, mamá, ayer perdí mi virginidad con un chico que no conozco en la parte trasera del coche de sus padres. Pero tranquilos, tengo 16 años e íbamos borrachos, no va a haber nada serio.

Un poco de Estopa para alegrar la mañana de este sábado de agosto nublado.

viernes, 13 de agosto de 2010

Un día de agosto más

¡Por dios, que aburrimiento! Agosto se me está haciendo largo y tedioso... A pesar de que estoy de vacaciones, mi cruzada contra la metereología me ha dejado fuera de juego: no sale el sol ni a tiros y estos bochornosos días nublados me provocan jaqueca (yo no tengo dolores de cabeza, tengo jaquecas, que suena mucho más cool, como esas mujeres alcoholizadas, atabiadas con su bata de guatiné que fuman con boquilla larga).
Total, que los días pasan sin más, igual que sus respectivas noches pero incluso los días largos y aburridos como estos me brindan escenas que esbozan en mi cara una tímida sonrisa. Como el show que ha decidido regalarme un chatarrero rumano en un paso de cebra, donde me he tenido que parar con la moto. Yo, que iba ataviada con mis shorts vaqueros, me he quedado atónita cuando el susodicho ha decidido arremangarse sus andrajosos pantalones, a modo de shorts, y menear las caderas a escasos metros de mí cual exótica Shakira con el dichoso Waka Waka.

A todo esto mi futuro marido, que vive ajeno a este desposorio (aún no he creído conveniente decirle que nos vamos a casar - de hecho creo que no sabe ni cómo me llamo...), se ha despedido hasta septiembre porque se va de vacaciones... ¿Y ahora qué hago yo? ¿Quién me va a dar las clases de spinning? jops.. menos mal que el lunes me voy a Ibiza y me olvido del mundo y de mí. ¡Que hartura de agosto! Por dios, actualicen el Facebook desde sus lugares de vacaciones, que nos aburrimos los que quedamos en la ciudad.