Nunca he sabido hacer equipajes ligeros: en la maleta todo se mete por si a caso. Imagínense cuando el equipaje es definitivo, toda maleta se hace pequeña para meter los despojos de una vida que, aunque corta, ha dado para almacenar unas cuantas cosas inecesarias de las cuales, si me desprendiera, sería como amputarme un dedo de la mano.
Con ánimo de dejar de vivir de forma provisional (lo provisional nunca me ha gustado.. me recuerada a los barracones que el ayuntamiento instala cuando no tiene dinero para hacer un colegio en condiciones) he decidido enterrar los recuerdos en cajas de cartón que, con el tiempo, irán cogiendo polvo en un trastero contratado para tal efecto en un almacén de las afueras de la ciudad.
Echando a un lado las cosas viejas, habrá sitio para otras nuevas.. Nuevas fotografías a color, nuevos regalos inútiles y nuevas ilusiones con las que renacer de un sentimiento de culpabilidad adjudicado injustamente, de reproches infinitos y de incomprensión mutua.
Es momento de orear el alma y de improvisar un poco, aunque me gusten bien poco las sorpresas y los planes desviados.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada