De profesión crítico social

Directamente desde los mundos de Wendy, llego dispuesta a criticarlo todo y a hacer de mi vida, y de paso de las vuestras, un lugar idílico donde ver la vida a través de las inocentes gafas de Amélie Poulain.

¡Bendita inocencia! Y es que no hay mayor soledad que darse cuenta de que todo el mundo es idiota. ¿Quién da más? Aunque en este mundo no hay lugar para los soñadores, aquí estoy yo, para iniciar una cruzada a favor del Yo también puedo ser feliz.

miércoles, 28 de julio de 2010

Mamá, de mayor yo quiero ser tonta

Sinceramente, tengo la certeza de que todos estamos desquiciados. El fin del mundo se me antoja más pronto que tarde por una pandemia de locura transitoria que nos llevará a convocar por Facebook suicidios colectivos o a algún tipo de canibalismo extraño que no nos ha de reportar, seguro, nada bueno.

Y es que el que no coja de un pie, tartamudea del otro, y yo, que me tenía por una persona cuerda, empiezo a pensar que hace mucho tiempo que se fugó la última neurona sana de mi cabeza. Cansada de sentir que vivo en una tomadura de pelo constante, he decidido empezar a tomar yo el pelo. Y nada mejor para eso que hacerse la tonta. Todavía me acuerdo un profesor de la carrera que decía que no soportaba a los tontos, que antes prefería a los hijos de puta, que por lo menos se les veía venir. Que a los tontos, al fin y al cabo, no se les puede echar la culpa de nada... porque, pobrecitos, suficiente tienen con ser tontos. ¡Qué razón tenía! Y que bendita es la ignorancia...

Mamá, de mayor yo quiero ser tonta. Así no me tomarán el pelo porque inspiraré esa especie de ternura que evita convertirte en una víctima del engaño. Yo es que soy muy básica, el sí para mí es SÍ y el no para mí es NO. Entre el SÍ y el NO no hay matices posibles, ni grises más claros o grises más oscuros, ni interpretaciones ni malos entendidos ni nada de nada.

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