De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

miércoles, 28 de julio de 2010

Mamá, de mayor yo quiero ser tonta

Sinceramente, tengo la certeza de que todos estamos desquiciados. El fin del mundo se me antoja más pronto que tarde por una pandemia de locura transitoria que nos llevará a convocar por Facebook suicidios colectivos o a algún tipo de canibalismo extraño que no nos ha de reportar, seguro, nada bueno.

Y es que el que no coja de un pie, tartamudea del otro, y yo, que me tenía por una persona cuerda, empiezo a pensar que hace mucho tiempo que se fugó la última neurona sana de mi cabeza. Cansada de sentir que vivo en una tomadura de pelo constante, he decidido empezar a tomar yo el pelo. Y nada mejor para eso que hacerse la tonta. Todavía me acuerdo un profesor de la carrera que decía que no soportaba a los tontos, que antes prefería a los hijos de puta, que por lo menos se les veía venir. Que a los tontos, al fin y al cabo, no se les puede echar la culpa de nada... porque, pobrecitos, suficiente tienen con ser tontos. ¡Qué razón tenía! Y que bendita es la ignorancia...

Mamá, de mayor yo quiero ser tonta. Así no me tomarán el pelo porque inspiraré esa especie de ternura que evita convertirte en una víctima del engaño. Yo es que soy muy básica, el sí para mí es SÍ y el no para mí es NO. Entre el SÍ y el NO no hay matices posibles, ni grises más claros o grises más oscuros, ni interpretaciones ni malos entendidos ni nada de nada.

miércoles, 21 de julio de 2010

Trasterizando mi vida

Nunca he sabido hacer equipajes ligeros: en la maleta todo se mete por si a caso. Imagínense cuando el equipaje es definitivo, toda maleta se hace pequeña para meter los despojos de una vida que, aunque corta, ha dado para almacenar unas cuantas cosas inecesarias de las cuales, si me desprendiera, sería como amputarme un dedo de la mano.

Con ánimo de dejar de vivir de forma provisional (lo provisional nunca me ha gustado.. me recuerada a los barracones que el ayuntamiento instala cuando no tiene dinero para hacer un colegio en condiciones) he decidido enterrar los recuerdos en cajas de cartón que, con el tiempo, irán cogiendo polvo en un trastero contratado para tal efecto en un almacén de las afueras de la ciudad.

Echando a un lado las cosas viejas, habrá sitio para otras nuevas.. Nuevas fotografías a color, nuevos regalos inútiles y nuevas ilusiones con las que renacer de un sentimiento de culpabilidad adjudicado injustamente, de reproches infinitos y de incomprensión mutua.

Es momento de orear el alma y de improvisar un poco, aunque me gusten bien poco las sorpresas y los planes desviados.

lunes, 12 de julio de 2010

Closed

Hoy me he acordado de esta canción de Mónica Naranjo... "Desátame o apriétame más fuerte... pero no me dejes así".



Me sorprende caer en este tipo de flaquezas a estas alturas, cuando mi cabeza hace meses que ha pasado página mientras que mi corazón, ese maldito disidente que hay dentro de mí, se empeña en aferrarse a algo que nunca existió, a una historia que no es el fiel recuerdo de lo que en realidad sucedió entre nosotros dos. Sé que no me puedes hacer feliz pero me empeño en creer que esto es algo transitorio, un sentimiento congelado a la espera de que algún día los dos nos demos cuenta de lo que hemos perdido y decidamos revivir algo que nunca exisitó.

Yo sólo quiero escuchar de tu voz que esto se ha acabado para desencadenarme de ti. Olvidar y ser olvidada para poder volver a amar, quizás algún día, a alguien como te he amado a ti. Permíteme, pues, que le eche este candado a mi corazón porque con la puerta abierta me duele.