Por un momento he creído haberme equivocado. Cuando he llegado a la sala de estudio que la Biblioteca pone al alcance de estudiantes afanosos con ganas de empaparse de conocimiento a altas horas de la madrugada, creía que me había colado por error en un casting de fama. Varias adolescentes, ataviadas con pantalones de chandal anchos y bambas Nike multicolor, susurraban, bueno más bien daban por saco, entre ellas creyéndose no perturbar el reencuentro con el conocimiento de los allí presentes.
Si a esto le unimos una aspirante a secretaria del año, capaz de realizar más de mil pulsaciones por minuto y un chico con ataques de tos espásmica, puedo resumir la noche de estudio en algo parecido a una mierda pinchada en un palo que tiene más fans en Facebook que Silvio Berlusconi.
¡Si es que le nombre lo dice bien clarito, coño! SALA DE ESTUDIO. Es una cosa de pura lógica: si no vas a estudiar, te vas a la puta calle a joder la marrana. Y si tienes tos, te tomas un Halls y te quedas en casa y no haces partícipes a los demás de tu mierda de salud a la que te está llevando tu asquerosa adicción a los cigarrillos. Por no hablar de nuestra amiga, la aspirante a secretaria del año, que además de blasfemear en alto por algún hecho inoportuno fruto de la tecnología punta de su portátil, no ha parado de zampar en todo el rato, con su consecuente ruido y molestia para mis delicados oídos.
Así concluye la noche. Me voy para casa, que mi camita me está esperando.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada