A todos los chicos del mundo les diré que me repugna su picor de huevos. Y a mí no me engañan con esa milonga del pellizquito, que lo que hacen no es ponerse bien el calzoncillo, sino tocarse los huevos con todas las de la ley. Es casi tan repulsivo como el que se hurga en la nariz confiado en que nadie lo ve y que encima pega asquerosamente el ente que ha extraído de sus fosas en algún rincón del mobiliario común.
Todo esto viene a colación porque el otro día un compañero de trabajo se practicó el conocido pellizco ante mi mirada atónita mientras me explicaba una cosa que tenía que hacer en el ordenador. ¡Vamos, no me jodas! Pellízcate los huevos cuando te sientes en tu sitio y no nos hagas conocedores a los demás de que probablemente tengas ladillas... ¿O no tengo razón? Y es que hay que poner unos límites de salubridad para una convivencia pacífica en un mundo donde es demasiado fácil tocarse los huevos sin ser reprendido. ¿O es más común que te los toquen? Yo lo que son huevos no tengo pero siento a menudo que mucha gente me toca los cojones (perdón por el vocabulario, reconozco que no es propio de una Piluquita como yo).
PD: Dedicat a la Ceci, que avui fa anys i espera aquest post com a regal d'aniversari.

com sempre, genial!!!!
ResponderSuprimira mi em tens enganxada al blog!!!!! enganxadíssima!!!!!
muaaaaaaaaa