Hoy me he despertado con la intención de dejar a su libre albedrío la niña pequeña con ansias de protección que llevo dentro. No sé qué tipo de nostalgia me ha invadido hasta las entrañas y me ha calado hasta los huesos pero ahora me hallo en un estado de duermevela, en el que no puedes discernir si estás despierto o dormido. Todo cuanto deseo es que un brazo protector me acurruque entre él y su pecho para que nada ni nadie puedan arrebatarme esa calma interior que sólo en ese reducido espacio soy capaz de encontrar.
He buscado en vano ese brazo que tiempo atrás rodeba mi espalda y esas manos que dibujaban la forma de mi cintura pero sólo he encontrado el frío de las sábanas en contacto con mi cuerpo en una cama semivacía.
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