De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Duermevela

Hoy me he despertado con la intención de dejar a su libre albedrío la niña pequeña con ansias de protección que llevo dentro. No sé qué tipo de nostalgia me ha invadido hasta las entrañas y me ha calado hasta los huesos pero ahora me hallo en un estado de duermevela, en el que no puedes discernir si estás despierto o dormido. Todo cuanto deseo es que un brazo protector me acurruque entre él y su pecho para que nada ni nadie puedan arrebatarme esa calma interior que sólo en ese reducido espacio soy capaz de encontrar.

He buscado en vano ese brazo que tiempo atrás rodeba mi espalda y esas manos que dibujaban la forma de mi cintura pero sólo he encontrado el frío de las sábanas en contacto con mi cuerpo en una cama semivacía.


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