Bueno, bueno, bueno... Cada vez tengo más claro que en su día me equivoqué de profesión. Ya me lo decía la pitonisa de mi madre: Ay, hija... ¿periodista? ¿Pa' qué? ¿Pa' dar la vez en la cola del paro? Pues ya le vale, podría haberme obligado a estudiar Odontología, un eufemismo más (y que no se me ofenda nadie) de una vida, digámoslo de forma suave, sin apuros económicos. Y es que vaya tela... una caries, un empaste, 15 minutos de trabajo y 58 eurazos! ¡Zasca!¡En toda la boca! Eso ha dolido...
¡Y encima me ha mandado a hacer una radiografía de toda la boca para ver si hay más agujeros para tapar! Lo siento, amigo, conmigo no cuentes... Hasta el año que viene no me vas a volver a ver el pelo, que lo mismo que ando un trecho para ir al Mercadona y comprar yogures Hacendado para ahorrarme unos céntimos, puedo vivir con mis caries como si fueran el bien más preciado de mi vida.
Y es que dicen que no hay nada peor que un dolor de muelas. ¡Los cojones! El peor de los dolores es el de bolsillo.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada