De profesión crítico social

Directamente desde los mundos de Wendy, llego dispuesta a criticarlo todo y a hacer de mi vida, y de paso de las vuestras, un lugar idílico donde ver la vida a través de las inocentes gafas de Amélie Poulain.

¡Bendita inocencia! Y es que no hay mayor soledad que darse cuenta de que todo el mundo es idiota. ¿Quién da más? Aunque en este mundo no hay lugar para los soñadores, aquí estoy yo, para iniciar una cruzada a favor del Yo también puedo ser feliz.

viernes, 19 de febrero de 2010

If I was younger...

Bueno, bueno, bueno... Cada vez tengo más claro que en su día me equivoqué de profesión. Ya me lo decía la pitonisa de mi madre: Ay, hija... ¿periodista? ¿Pa' qué? ¿Pa' dar la vez en la cola del paro? Pues ya le vale, podría haberme obligado a estudiar Odontología, un eufemismo más (y que no se me ofenda nadie) de una vida, digámoslo de forma suave, sin apuros económicos. Y es que vaya tela... una caries, un empaste, 15 minutos de trabajo y 58 eurazos! ¡Zasca!¡En toda la boca! Eso ha dolido...

 ¡Y encima me ha mandado a hacer una radiografía de toda la boca para ver si hay más agujeros para tapar! Lo siento, amigo, conmigo no cuentes... Hasta el año que viene no me vas a volver a ver el pelo, que lo mismo que ando un trecho para ir al Mercadona y comprar yogures Hacendado para ahorrarme unos céntimos, puedo vivir con mis caries como si fueran el bien más preciado de mi vida.

Y es que dicen que no hay nada peor que un dolor de muelas. ¡Los cojones! El peor de los dolores es el de bolsillo.

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