De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

viernes, 19 de febrero de 2010

If I was younger...

Bueno, bueno, bueno... Cada vez tengo más claro que en su día me equivoqué de profesión. Ya me lo decía la pitonisa de mi madre: Ay, hija... ¿periodista? ¿Pa' qué? ¿Pa' dar la vez en la cola del paro? Pues ya le vale, podría haberme obligado a estudiar Odontología, un eufemismo más (y que no se me ofenda nadie) de una vida, digámoslo de forma suave, sin apuros económicos. Y es que vaya tela... una caries, un empaste, 15 minutos de trabajo y 58 eurazos! ¡Zasca!¡En toda la boca! Eso ha dolido...

 ¡Y encima me ha mandado a hacer una radiografía de toda la boca para ver si hay más agujeros para tapar! Lo siento, amigo, conmigo no cuentes... Hasta el año que viene no me vas a volver a ver el pelo, que lo mismo que ando un trecho para ir al Mercadona y comprar yogures Hacendado para ahorrarme unos céntimos, puedo vivir con mis caries como si fueran el bien más preciado de mi vida.

Y es que dicen que no hay nada peor que un dolor de muelas. ¡Los cojones! El peor de los dolores es el de bolsillo.

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