De profesión crítico social

Directamente desde los mundos de Wendy, llego dispuesta a criticarlo todo y a hacer de mi vida, y de paso de las vuestras, un lugar idílico donde ver la vida a través de las inocentes gafas de Amélie Poulain.

¡Bendita inocencia! Y es que no hay mayor soledad que darse cuenta de que todo el mundo es idiota. ¿Quién da más? Aunque en este mundo no hay lugar para los soñadores, aquí estoy yo, para iniciar una cruzada a favor del Yo también puedo ser feliz.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Érase una vez


Tenía tantos planes, tantos sueños… Se veía a sí misma vistiendo de blanco o acunando a un bebé, envejeciendo a su lado. Pero todo aquello ahora es polvo, polvo que ensucia sus pasos, polvo de olvido… Polvo, tan sólo polvo.

¿Qué más da eso ahora? Como tantas otras veces, nuestra protagonista empieza de nuevo. Se cayó, sí, pero ha limpiado sus heridas. Las rodillas ya no le sangran, pero le escuece el alma. Siente miedo de la noche y llorando se queda dormida, noche tras noche, día tras día.

Se aferra a aquel puñado de arena que un día se le coló entre los dedos. Llora, llora de rabia porque no supo querer lo querido…

2 comentarios:

  1. Me encanta! :)
    Eres una crack escribiendo!
    Un besazo guapa!

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  2. Que bonito Vero! Me gusta como escribes :)

    Besos

    Mar.

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