En cuestión de días, ¡qué digo!, de horas, mi vida ha sufrido un desarraigo de la realidad como si hubiera pasado un Tsunami por mi salita de estar. Nunca imaginé que la frase "vamos a apuntalar el piso" significaría semejante desastre que me ha hecho huir por patas del que ha sido mi hogar durante estos últimos años. Me explico: por unas obras de la comunidad, tengo la casa llena de puntales de manera que, para llegar a la cocina tengo que hacer una gimcana, esquivando picas, saltando escombros y tratando de no resbalar con la fina capa de polvo que lo cubre todo cual manto de nieve en una estampita de lo más invernal.
Total que después de sufrir en mis carnes el estereotipo de los obreros que llegan a la obra, echan un vistazo y se van a almorzar, he tenido que empaquetar mis escasas propiedades e instalarme en casa de mis padres, un mundo que en su día dejé atrás y el cual, a mi vuelta, sigue siendo igual de desordenado, escandaloso y jodidamente desesperante. En ningún sitio como en casa... ¿Quién coño diría semejante barbaridad?
A pesar de todo, inmersa en este caos, me siento protegida, con una especie de calor parecido al que nos sonroja los mofletes por la calefacción. Os dejo la canción con la que me he despertado esta mañana... porque no se me quita el gusanillo de ti.
Total que después de sufrir en mis carnes el estereotipo de los obreros que llegan a la obra, echan un vistazo y se van a almorzar, he tenido que empaquetar mis escasas propiedades e instalarme en casa de mis padres, un mundo que en su día dejé atrás y el cual, a mi vuelta, sigue siendo igual de desordenado, escandaloso y jodidamente desesperante. En ningún sitio como en casa... ¿Quién coño diría semejante barbaridad?
A pesar de todo, inmersa en este caos, me siento protegida, con una especie de calor parecido al que nos sonroja los mofletes por la calefacción. Os dejo la canción con la que me he despertado esta mañana... porque no se me quita el gusanillo de ti.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada