De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

martes, 29 de diciembre de 2009

Lengua Viperina


Queridos Reyes Magos,

Este año me he portado como he podido. Dicen que Dios aprieta pero no ahoga, pero cuando te tiene cogido por las pelotas, es imposible ser bueno. Así que para el año que entramos me pido: un bote de SANTA PACIENCIA de la cual no estimó oportuno dotarme el benevolente Padre Todo Poderoso en el momento de mi creación.


Y es que una, que tiene fama de lengua viperina y de no callarse ni debajo del agua, tiene una úlcera en el estómago de callar como las putas. Así que se acabó, para el año que viene abro compuertas y que venga lo que tenga que venir. Que si hablas, porque hablas; que si callas, porque callas. ¡Por Dios! ¿En qué quedamos? Pongamos fin a esta farsa, que a nadie le gusta la sinceridad cuando te pone los mofletes colorados. De sinceros está lleno el purgatorio y yo me voy a ir de cabeza al infierno por decir medias verdades rebajadas con agua para no ofender. Oiganme, se ofende quien puede, no quien quiere... Así que, echando mano del refranero popular, Si el río suena es porque agua lleva.

Que estoy harta de sacar lo mejor de mí para que una panda de desagradecidos me toquen las narices gratuitamente. Así que, sin más dilaciones, les presento a la nueva Verónica, ahora sí, borde, poco diplomática y la que no se calla una verdad. Ahora cardaré la lana y me ganaré la fama.

Disculpen el tono pero si no lo digo, rebiento.

Feliz entrada de año.

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