De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Aferrándome a una talla 40

Hace un año hubiera luchado a capa y espada por defender mi a otrora talla 38 pero hoy he tenido que rebajarme y lloriquear por una talla 40-42. Me explico: he tenido que ir a recoger el uniforme de mi trabajo de fines de semanas y cual ha sido mi sorpresa que lo que en BSK o Zara és una 40 en la tienda de uniformes es una 42. Ahí es cuando he empezado a sudar. Una 42... Fijo que recortaré la etiqueta para que nadie vea la talla... Mi cabeza maquinaba planes rebuscados para rebajar con agua el Whiskey rancio de la realidad. La chica que me atendía, se va al almacén y vuelve con una 40 y una 44. Lo siento, pero no me quedan 42, tendrás que quedarte la 44. ¡Y una mierda! Creo que mi cara de asesina la ha persuadido y me ha entregado primero la 40. Obviamente, la 40, que en realidad era una 38, me ha subido bien de piernas pero al llegar al maldito botón de la cintura, los dos extremos del pantalón ni siquiera podían rozarse la mano. Mete barriga, oía a mi madre decir.. No, mama, ni con esas... Yo, sudando como un pollo (he de decir que la tía, augurando que tendría frío, me había puesto el calefactor a tope) he tenido que sacarle la bandera blanca a la 40-38 y rendirme ante la evidencia de mi incremento de peso.


Total que me pruebo la 44 y me hacía bolsas por todos lados. Salgo victoriosa del vestidor y le digo... Mira, que esta me va grande, vas a tener que encargarme la 42 (que en realidad es una 40, que le quede claro a todo el mundo). Mmm.. ¿Seguro? Me pregunta la muy puta... Piensa que al lavar encoge. Pues que se la quede tu abuela, he pensado.. Cabrona... ¿no ves que me va grande? Deja de regocijarte en lo más profundo de tu ego de mujer delgada y divina y consígueme una 42 YAAAAAAAAAAA! Todo esto lo he pensado en voz baja pero creo que mi voz baja era tan alta y evidente que la tía ha salido corriendo por patas al almacén y me ha conseguido una 42 del mismo modelo en lana fria. El cabrón picaba como un condenado... Menos mal que en mi empresa pasan de gastarse pasta en lanas frías para sus empleados... Pero la talla se ajustaba perfectamente a mis pronunciadas curvas. Esta vez he ganado yo, agarrándome con uñas y dientes a una talla que espero dejar para los anales de la historia con la super dieta que estoy haciendo.

Una 44 me quería vender la muy guarra. ¿Será posible? Y con esto no critico a las mujeres con tallas grandes, que yo no soy precisamente menudita, ya sabéis, de las de hueso ancho, pero yo por mi talla 40 MAAAAAAAAAAATO.

 Punto pelota.

1 comentario:

  1. ah ja ja ja... MAAAAAAAAAATO
    Maldita furcia... seguro? ja ja ja

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