De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

26

Este post llega con retraso pero todo tiene su explicación, ya que ha sido una ardua labor llegar a las conclusiones que a continuación se exponen.

Primero y principal: soy un año más vieja, hecho que ha quedado evidenciado en mi pasado cumpleaños donde se contaron 36 velas, por arte y gracia de unos amigos que decidieron ponerme 10 años de más sobre mis espaldas. Así que, a mis 26 años, como dice Sabina, 25 dicen que aparento, me hayo en el año 1 de mi declive. Y es que he leído en numerosos estudios sobre biología humana que la curva de la vida empieza a caer en picado una vez se pasa el umbral de los 25. Así que, a las puertas de mi madurez, decidí celebralo como se merecía y organizar una fiesta digna de Marie Antoinette.








 Al di lá de festejos y presentes, he de decir que los 26 me han traído más de un quebradero de cabeza que, por si no fuera poco, se unen al hecho de sentirme desplazada de mi generación. Me explico: si ya me costaba manejarme con el ritmo vertiginoso de las tendencias de los modernos de mi edad, no podéis ni imaginaros lo que representa para una persona como yo, de mundo y con la mente abierta, tener que aguantar la humillación de que tu hermana de 13 años te tenga que explicar la diferencia ente dos tribus urbanas. ¿Pero no sabes lo que son los EMO? No sé, ¿un grupo de música? Respondo tímidamente. ¡Joder, Vero..! No te enteras... Visten de negro, adoran a Satán... Y yo flipando... ¿Esos no son los Góthicos? Y mi hermana. No, tia, los Góthicos ni adoran a Satán ni tienen pensamientos suicidas... Totalmente fuera de juego, digo en voz alta: TOCADA Y HUNDIDA y me resigno a saber que he caído para siempre en el pecado de la desactualización.

A parte de todo este desconcierto, me hallo inmersa en la búsqueda de la cana inexistente. Se me ha metido en la cabeza que tengo que tener canas y cualquier mecha rubia demasiado oxigenada se me antoja mi primera cana, esa que me hará llorar y caer en la depresión a sabiendas de que NUNCA VOLVERÉ A SER TAN JOVEN, DELGADA (me parto) Y GUAPA COMO AHORA.

Dedicado a mi Piti.

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