De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Hay vida al otro lado de la Diagonal

Mi reciente ocupación laboral me ha llevado a conocer zonas que antes ni siquiera era capaz de situar en el mapa. Todo era tan ambiguo en mi mente que quedaba englobado en la zona "de la Diagonal para arriba", es decir, la parte alta de la ciudad, donde a menos que  tengas una mutua privada y acudas a la consulta de algún médico, no pisarás jamás.


Un submundo, sin duda... a veces más terrorífico que la mal llamada periferia donde esos "de la Diagonal para arriba" no se atreverían a llegar porque cruzar al otro lado de la avenida les provoca fiebre y mareos a no ser que sea para bajar a El Corte Inglés que, fruto de la mala suerte, se encuentra en el maldito "otro lado".

Yo, que soy "del otro lado", cuando por casualidad tengo que dar el salto siento que me encuentro en otra ciudad. Ah, sí, señor Hereu, ya sé dónde están las zonas verdes. Y ya no sólo eso, nombres de calles imposibles, como Craywinckel o Gregori Taumaturg, o otros más célebres que hasta ahora sólo había oído cuando mi madre se tenía que coger 3 autobuses para atravesar la ciudad e ir a un centro médico, concertado con la Seguridad Social, para hacerse una mamografía. Sarrià, Ganduxer, Bonanova... Antes de mezclarme con estos nombres no sabía que los pisos en esas zonas se venden con 4 habitaciones más zona de servicio. Osea, que el piso tiene 5 habitaciones y que en la más pequeña y fea tienes a la chacha. Dilo claramente, ¿no?

Pues ahí os quedáis con vuestros pisos de un millón de euros, que me quedo con mi cuchitril del extraradio donde las personas son personas, no robots de mechas rubias con parálisis en la cara por habérsele ido la mano al cirujano con el botox. Por lo menos, en la Sagrera hay metro y hasta Corte Inglés, fíjate tú.

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