De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

jueves, 15 de octubre de 2009

¿Qué significa esto?

Disculpad mi corta ausencia, pero mis nuevos quehaceres profesionales agotan mi creatividad y capacidad de abstracción, dos requisitos indispensables para llevar a cabo un blog sobre mi pequeño submundo, cuyo desequilibro puede llevar a la más absurda de las realidades.
En fin,  a lo que íbamos: Hoy me he reincorporado a mis classes de Spinning en su versión mediojornadil. ¿Existirá esta mierda de palabra? Da igual, si en un bar de Zaragoza escriben bocadillo con v, que yo me invente o no una palabra les trae sin cuidado a los académicos de la RAE. Total que he pensado: What the hells is this cuando he visto al profe. El tipo parece provenir de los Mundos de Yupi donde además de ser todos afeminados tienen un extraño tono de voz más propio de un jardín de infancia. Fijaros que he dicho jardín de infancia en lugar de guardería, vocablo de por sí más habitual para el concepto, porque por más vueltas que le doy no sé qué tiene de jardín una guardería llena de mocosos, aprendices de seres malvados capaces de morder al prójimo en la mejilla sin el más mínimo rubor.

Total, que el chico ímpetu le ponía pero no tanto como para animarte a subir una montaña con la máxima resistencia haciendo mella sobre tus cuádriceps. De hecho, he estado a punto en dos ocasiones de lanzarle un botellazo a la cabeza porque tanta dulzura empezaba a empacharme. Por no hablar de las expresiones utilizadas por el susodicho para darnos aliento a los 5 ojipláticos que allí nos hemos congregado. Frases del tipo: ¡Ole, ole, que ya estamos! ¡Yujuuuu, la última subidita! Infumable. ¿Lo más fuerte de todo? Cuando ha empezado a sonar la canción de las Nancys Rubias, "Sálvame, ven nadando a mí... Sálvame, soy un náufrago". No dábamos crédito...  Algo me dice que no habrá próxima vez, ¿o sí? Al fin y al cabo, de estas pequeñas cosas hacemos la sal de la vida.

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