De profesión crítica sentimental

Me llamo Wendy, tengo 29 años y llevo 1.112 días soltera. 1.112 días que empiezan a ser fuente de controversia familiar y de inspiración a toda una serie de casamenteros psicópatas que, además de querer poner remedio a mi situación, intentan reconfortar mi consabida pena -consabida por ellos porque desde luego que yo no siento pena ninguna -con frases tan lamentables como “cuando menos te lo esperes, llegará el hombre de tu vida”. A todo esto, el muy señor mío debe haberse perdido por el camino, por lo que he pensado que era mejor entretenerme con alguno de sus congéneres con el fin de estudiar, y recalco aquí la intención sociológica del experimento, una especie que se presenta ante nosotros con la simplicidad más absoluta cuando en realidad esconden tras de sí la mente más retorcida e insana nunca antes vista.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Adagio

Ha pasado más de un año desde que mi tía, enferma de cáncer y con 53 años de edad, "dejara de respirar". Más allá del trauma que supone para una família la pérdida de un ser querido, en unas circunstancias para nada deseables, mi dolor es hoy un sentimiento de MIEDO.


Miedo por la cercanía de la muerte y de la certeza de que nadie se puede librar de su asfixiante yugo una vez te señala con el dedo. Hasta entonces, las muertes acontecidas en mi familia se podían catalogar como "Ley de vida" y, aunque dolorosas de igual modo, mi mente las pudo llegar a asimilar dentro de lo irracional del fin de lo cognoscible. Pero cuándo a una mujer de 53 años se le escurre la vida entre los dedos, el dolor se transforma con el lento paso del tiempo en miedo... Tardé en asumir que la vida se le iba, quizás por ello no me vi con fuerzas de ir a verla hasta que prácticamente su destino estaba sellado. ¿Y entonces qué? No resulta nada sencillo mirar a los ojos de alguien que es tan consciente como tú de su trágico final. Se le apagó la luz y hoy, un año después, puedo decir que no hay ni un sólo día en que no me venga a la mente y mis ojos se empañen de nuevo de dolor, de miedo.

Éste es mi pequeño homenaje:




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